El Camino Francés: la ruta jacobea

EL CAMINO

El Camino Francés es la ruta jacobea más reconocida y transitada, aunque no es la única. La riqueza monumental y natural de la ruta acompaña cada etapa, y la cultura local se hace visible tanto en sus monumentos como en la gastronomía. Un viaje sensorial, que supone una experiencia vital para todo aquel que la haya probado. No en vano, este itinerario fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993, reconociendo su valor histórico, artístico y simbólico. Juglares, tallistas itinerantes y “pintores de tabla” viajaban por estas rutas en la Edad Media. Por eso hay retablos y esculturas con estilos mezclados, difíciles de clasificar.

El Bierzo: tradición, arquitectura y hospitalidad en el Camino Francés

La entrada en El Bierzo se realiza a través de El Acebo, un pequeño pueblo medieval marcado por la historia de los ‘palos guía’ en las grandes nevadas. Estos postes servían para que los peregrinos no se perdieran entre ventiscas, una tradición que aparece mencionada ya en documentos del siglo XVI. En Riego de Ambrós, con su iglesia de Santa María Magdalena y ejemplos de arquitectura tradicional, se conservan ejemplos de arquitectura tradicional berciana, con casas de piedra y balcones de madera que responden a un diseño adaptado a la vida en la montaña. Un maravilloso ejemplo es la Casona de don Pelegrín o Casa Palacio de Doña Urraca, en la que se cuenta que dormía esta reina durante sus viajes a Galicia.

Molinaseca recibe al peregrino con sus calles de piedra, su puente romano de piedra, la calle Real, distinguida por las casonas blasonadas que hablan del peso que tuvieron en el pueblo las familias nobiliarias y los comerciantes vinculados al Camino, y una oferta gastronómica heredada de la tradición monástica y rural, que, sin duda, merece un alto en el camino.

Ponferrada, historia templaria y sabores del Bierzo

El trayecto continúa por Ponferrada, la capital de la comarca. El Castillo de los Templarios, que comenzó a levantarse en el siglo XII, es uno de los ejemplos más emblemáticos de arquitectura militar templaria en Europa. La orden recibió la fortaleza para proteger a los peregrinos, y su influencia marcó profundamente el desarrollo de la ciudad, en su interior se conservan restos de murallas, torres góticas y una de las colecciones bibliográficas templarias más destacadas del noroeste de la península. Parada obligatoria en la ciudad es también la Basílica de la Encina, construida en estilo renacentista, alberga la venerada imagen de la Virgen de la Encina, cuya leyenda cuenta que fue encontrada dentro de un roble por los templarios.

Si el  ritmo lo permite, hasta cinco museos aguardan al peregrino para proponerle un viaje en el tiempo por la cultura berciana: el Museo del Bierzo, el Museo del Ferrocarril y el Museo de la Radio “Luis del Olmo” bien merecen una visita; pero, si hay que elegir, la Térmica Cultural y la Fábrica de la Luz, se llevan sin duda el protagonismo. Antiguas centrales térmicas de referencia en el noroeste peninsular, hoy reconvertidas  en museos con la descarbonización, se han transformado en el gran motor cultural de Ponferrada y en espacios clave para entender la historia minera e industrial del país, con una programación constante de exposiciones temporales, como las dedicadas a grandes nombres de la pintura española, como Sorolla, conciertos, ciclos de cine y actividades para todos los públicos.

Donde la fe se encuentra con la montaña

El Camino continúa hacia Camponaraya y Cacabelos, dos localidades ligadas estrechamente a los productos de la tierra y a vinos con D.O. Bierzo reconocidos internacionalmente. El vino del Bierzo, cultivado desde época romana, tuvo un papel clave en los hospitales de peregrinos, donde se utilizaba tanto como alimento como en remedios medicinales. En varios hospitales del Bierzo, el viajero tenía derecho a una jarra de vino al día, considerada medicina, desinfectante y alimento energético. Recorrer esta parte de la ruta es atravesar viñedos y huertos, sumando a la experiencia aromas y sabores que definen el carácter de la comarca. En Cacabelos llegó a existir uno de los hospitales más importantes del Camino, el Hospital de la Quinta Angustia, fundado en el siglo XII, que actualmente es un albergue.‍ ‍

Llegamos a Villafranca del Bierzo, uno de los enclaves más emblemáticos de todo el Camino, y conocida como la “Pequeña Compostela”. En la Puerta del Perdón de la iglesia de Santiago, que aún conserva capiteles con escenas simbólicas que guiaban al peregrino hacia la redención, los peregrinos pueden obtener la indulgencia jacobea, si no pueden continuar. Este privilegio, único fuera de Santiago, está documentado desde el siglo XII. El pueblo conserva hospitales históricos, casas señoriales y plazas tranquilas, además de una oferta cultural que crece cada temporada.

Finalmente, el Camino Francés despide El Bierzo por el valle del río Valcarce, ascendiendo hacia O Cebreiro, ya en Lugo, con un desnivel de 660 metros durante 12 kilómetros. El lugar es famoso no solo por su dureza, sino también por sus pallozas prerromanas y por el Milagro Eucarístico del siglo XIV, uno de los episodios más célebres del Camino. El milagro ocurrió durante una misa en un día de intensa nevada, cuando un monje dudó de la fe de un campesino. Como respuesta a esa duda, la hostia se convirtió en carne y el vino en sangre, derramándose del cáliz y tiñendo el corporal (el corporal es el paño litúrgico que se extiende en el altar para poner sobre él la hostia y el cáliz). Este evento no solo sirvió para castigar la duda del monje, sino también para premiar la fe inquebrantable del campesino. Como testimonio de este milagro, la Reina Isabel I donó un relicario para conservar la Hostia y la Sangre, que se mantiene en la iglesia parroquial como un recordatorio de la importancia de la fe y la devoción, que convirtió a O Cebreiro en un enclave espiritual de gran importancia.