La Térmica Cultural: cuando una central térmica decide no apagarse nunca (parte I)

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La Térmica Cultural: el motor cultural del Bierzo

La Térmica Cultural no es solo un edificio recuperado. El gran centro cultural de CIUDEN ocupa la antigua central térmica de Compostilla I y la convierte en algo mucho más interesante que un recuerdo industrial congelado en el tiempo. Aquí la memoria minera y energética del Bierzo se interpreta y se proyecta hacia nuevas formas de entender la cultura.

Estamos en Ponferrada, en una de esas arquitecturas del carbón, que durante décadas marcaron el pulso económico y social de la comarca. Donde antes rugían calderas y turbinas, hoy conviven museo, programación cultural y espacios para encontrarse. La gestión corre a cargo de la Fundación Ciudad de la Energía (CIUDEN), una entidad vinculada al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (a través del Instituto para la Transición Justa), que ha apostado por la cultura como motor de transformación social y territorial.

El edificio tiene historia. Compostilla I estuvo en funcionamiento entre 1949 y 1974 y fue cedida por Endesa al Ayuntamiento de Ponferrada en 2011 para convertirse en sede de CIUDEN. La intervención arquitectónica ha sabido jugar con respeto e inteligencia: la sala de calderas, la nave de turbinas y un nuevo edificio contemporáneo funcionan ahora como un todo. Un conjunto imponente, situado en una zona elevada, con el río Sil a los pies y el Camino de Santiago pasando cerca, como recordatorio de sus orígenes. 

Por dentro, La Térmica Cultural despliega músculo. Salas para exposiciones permanentes y temporales, el auditorio Antracita, pensado para teatro, música y grandes citas culturales, y una espectacular sala de turbinas preparada para congresos, ferias y eventos de gran formato, con capacidad para reunir hasta 1.300 personas. No es un espacio contemplativo al uso. Su oferta artística y expositiva se ha convertido en punto de referencia para propuestas que van desde la memoria industrial hasta proyectos vivos que dialogan con el público de forma sensorial y participativa, como la exposición de Sorolla, que ha estado buena parte de  2025.

En los muros de La Térmica Cultural se habla de energía térmica, de memoria industrial berciana y de lo que supuso aquel modelo productivo, pero también se invita a interactuar, por ejemplo, con experiencias de realidad virtual que permiten “encender” una central térmica de forma inmersiva. A medida que la oferta crece, proyectos como Fuego Verde incluso incorporan elementos de naturaleza viva, como especies de helechos arborescentes emblemáticos del periodo carbonífero, que aúnan memoria histórica, ciencia y sensibilidad ambiental.

En el fondo, La Térmica Cultural juega un papel clave como proyecto de transición justa: abrir la cultura a la ciudadanía, generar actividad en un territorio que ha tenido que reinventarse y atraer a quienes buscan algo más que turismo de postal. En 2025 ha superado los 103.000 visitantes, consolidándose como un imán cultural dentro y fuera de la comarca.

La Recicladora Cultural: conectar, convertir y crear

Pero hay otra capa igual de interesante que se cuece detrás de los muros de la antigua central: La Recicladora Cultural, una iniciativa que reimagina cómo se produce, comparte y reutiliza la cultura. Nacida desde el equipo de CIUDEN con el apoyo de profesionales de la comunicación creativa, esta propuesta apuesta por que las exposiciones no sean efímeras ni aisladas, sino que puedan viajar, reutilizar sus materiales, adaptarse a nuevos formatos y llegar a lugares donde el acceso cultural es todavía un reto.

La Recicladora Cultural parte de tres ideas claras: conectar, creando una red de instituciones, museos, fundaciones y espacios que compartan contenidos; convertir, adaptando y equipando esas muestras para que puedan ser acogidas en diferentes contextos; y crear, generando nuevas experiencias culturales adaptadas a audiencias diversas, desde grandes centros hasta municipios pequeños.

Este enfoque no solo promueve la sostenibilidad y la circularidad —minimizando residuos y reutilizando vitrinas, peanas y equipo expositivo, sino también la democratización del acceso a la cultura, especialmente en zonas de transición justa o despobladas. En La Térmica Cultural se aloja el centro logístico que permite custodiar y preparar estas exposiciones para que sigan su itinerancia a otros destinos, con la ambición de que este proyecto trascienda fronteras y se convierta en una referencia internacional.

Además, La Recicladora Cultural ha empezado a hacerse notar incluso en el panorama global: ha sido nominada y premiada en galardones internacionales que reconocen su impacto social, educativo y sostenible, posicionándola como ejemplo de cómo la cultura puede ser una herramienta para el desarrollo local y para construir narrativas más justas y compartidas.

Para quienes quieran visitarla, el acceso a La Térmica Cultural se organiza mediante entradas generales, opciones que incluyen la experiencia de realidad virtual y visitas guiadas. Abre de jueves a domingo, con horarios ampliados los viernes y sábados, y mantiene una programación estable que va más allá de las exposiciones: talleres, festivales, encuentros profesionales y propuestas que hacen que siempre esté pasando algo.

La Térmica Cultural es, en esencia, un buen ejemplo de cómo el Bierzo puede mirar a su pasado sin nostalgia y usarlo como palanca para contar otra historia. Una historia con energía propia, circular y abierta a las conexiones que vienen.

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