La Fragata, el mejor pulpo del Bierzo y uno de los mejores que probarás

RESTAURANTES ÚNICOS

Fuente: La Fragata

Un poco de contexto y dos soletes

En Santo Tomás de las Ollas, la historia se reparte entre una ermita milenaria y unas patas de pulpo que desafían los límites geográficos.

El Bierzo tiene esa extraña capacidad de ser muchas cosas a la vez: valle, montaña, huerta y, curiosamente, una de las capitales morales del pulpo. Sí, estamos lejos de las Rías Baixas, pero la tradición de los arrieros maragatos nos dejó un legado que aquí se toma muy en serio. Y si hay un lugar donde ese legado se convierte en religión, ese es La Fragata, un bar-restaurante de toda la vida donde se sirve un pulpo estratosférico (sic), parafraseando a la Guía Repsol, que le ha otorgado ya dos soletes Repsol (2021 y 2024).

Pero antes de sentarnos a la mesa, situémonos. Porque para entender el plato, hay que entender el suelo que se pisa.

El eje del cobre: por qué comemos pulpo en el interior

Es la pregunta que todo turista despistado se hace: ¿Cómo ha llegado un bicho marino a ser el rey de un pueblo de interior? La respuesta no está en el mar, sino en el camino.

Durante siglos, los arrieros maragatos los transportistas de la época, tipos duros que cruzaban la Península con sus mulas, fueron el cordón umbilical de la península. Llevaban los productos del interior (aceite, embutidos, cereales) hacia los puertos gallegos y traían de vuelta el pescado en salazón. Pero el pulpo era especial. Para que aguantara los días de viaje bajo el sol, se secaba al aire hasta que quedaba rígido como el cartón. Era una "conserva natural" perfecta. Al llegar a tierras leonesas y bercianas, se rehidrataba y se cocía en las famosas calderas de cobre.

Aunque la técnica surgió de estos comerciantes viajeros, las mujeres gallegas de la zona de O Carballiño (Ourense) fueron quienes perfeccionaron la cocción y popularizaron la adición de la patata cocida.

Los maragatos no solo traían el pulpo; trajeron la técnica. El uso del aceite de oliva virgen y el pimentón de la Vera, que subía desde Extremadura por la Vía de la Plata, fue el "match" definitivo. El pulpo a feira es, en realidad, un invento de interior perfeccionado por el comercio arriero.

Fuente: la Fragata

La alquimia del cobre y el pimentón se dan cita en La Fragata

En Bierzo Único no nos van las medias tintas, y si decimos que en La Fragata se come el mejor pulpo de la zona, asumimos la responsabilidad. La Fragata ha entendido que la modernidad, a veces, consiste simplemente en respetar el producto hasta las últimas consecuencias.

El pulpo aquí llega a la mesa en su punto exacto de cocción, ese equilibrio casi imposible entre la firmeza y la mantequilla, sobre el clásico plato de madera, bañado en un aceite de oliva que pide pan a gritos y sepultado bajo una capa generosa de pimentón.

Aunque el pulpo es el rey indiscutible, la experiencia en La Fragata no es solo disfrutar de una buena comida; es también el rito de compartir raciones en un ambiente que mezcla a los vecinos de toda la vida y obreros de la zona, con nuevos exploradores gastronómicos que llegan buscando "el restaurante de toda la vida donde se come uno de los mejores pulpos de la península".

Tradición que traspasa generaciones

Hoy ya no hay mulas ni arrieros cruzando el puerto del Manzanal, esa frontera imaginaria entre El Bierzo y La Maragatería, pero La Fragata, en Santo Tomás de las Ollas, mantiene vivo un hilo invisible que nos une con los puertos de Galicia y las ferias de ganado de antaño. Es la prueba de que una buena comida traspasa generaciones.

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